58 · Uzbekistán · Construido h. 1127
Bujará Histórica
Ciudad de la Seda habitada sin interrupción durante más de mil años.
Se abre cuando el gasto total en monumentos de Uzbekistán alcance 250 US$.
Registro De Titulares
El registro está vacío. Quien lo reclame primero queda escrito aquí para siempre — desde 3 US$.
La Historia
En la década de 1930, un arqueólogo soviético que trabajaba en el extremo occidental de Bujará comenzó a excavar lo que parecía una suave colina en un viejo cementerio. Lo que emergió de la tierra fue un prodigio: un cubo perfecto de ladrillo coronado por una cúpula, con sus cuatro caras idénticas y muros colocados en un intrincado trenzado geométrico que cambia con la luz del sol. Era el Mausoleo de los Samánidas, construido en el siglo X, uno de los edificios islámicos más antiguos conservados en toda Asia Central.
Sobrevivió porque nadie pudo encontrarlo: siglos de polvo del desierto y enterramientos lo habían sepultado por completo. Cuando el ejército mongol arrasó la ciudad, la joya más hermosa de Bujará ya descansaba a salvo bajo tierra.
El Año En Que Todo Ardió
Bujará resistió apenas unos días ante Gengis Kan en 1220. Tras la rendición, los incendios redujeron a cenizas las casas de adobe y madera. El cronista Juvayni relata que Gengis Kan entró a caballo en la mezquita mayor y proclamó ante los ciudadanos que él era el castigo de Dios.
Cuando el humo se disipó, casi nada quedaba en pie, salvo una excepción monumental: el gran Minarete Kalyan (1127). La leyenda cuenta que al mirar hacia su cima, el sombrero de Gengis Kan cayó al suelo, y al agacharse a recogerlo decidió perdonar la torre que le había hecho inclinar la cabeza.
La Luz Que Asciende
El minarete fue construido con anillos ornamentales de ladrillo cocido donde ningún patrón se repite. En lo alto, el almuédano llamaba a la oración cinco veces al día, y por la noche se encendía una hoguera para guiar a las caravanas a través del desierto.
Bujará fue la mayor capital intelectual de la Ruta de la Seda, cuna de sabios como Avicena (Ibn Sina). Un dicho célebre rezaba: en cualquier parte del mundo la luz cae del cielo, pero en Bujará la luz asciende hacia él.
En el siglo XVI se cubrieron con cúpulas los cruces de las calles principales para crear los célebres bazares comerciales (taqi), proporcionando sombra y frescura constante.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993, Bujará preserva un tejido urbano de adobe y azulejos turquesas que sigue siendo el alma viva de Asia Central.