Registro De Titulares
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La Historia
El cielo apenas comenzaba a clarear cuando el rey Carlos IV se inclinó para colocar la primera piedra del nuevo puente de Praga. Sus astrólogos de la corte habían calculado minuciosamente una fecha y hora exactas para asegurar que el puente jamás cayera: el 9 de julio de 1357 a las 5:31 de la mañana. Escrito en secuencia numérica, este momento formaba un palíndromo numérico perfecto: 1-3-5-7-9-7-5-3-1. Creían que esta simetría mágica dotaría a la estructura de una estabilidad eterna frente a las aguas del Moldava.
El cálculo astrológico pareció surtir efecto: el puente ha resistido casi setecientos años de devastadoras crecidas y guerras en el corazón de Europa.
La Leyenda De Los Huevos Y El Mortero
La construcción duró casi medio siglo bajo la dirección del maestro Peter Parler. Según la tradición popular, para fortalecer el mortero de cal se ordenó a los pueblos de Bohemia enviar carretas con miles de huevos para mezclarlos en la argamasa. Aunque los análisis químicos modernos no hallaron clara albúmina, sí confirmaron trazas de leche y vino en la mezcla.
Con el tiempo, se añadieron treinta estatuas barrocas a lo largo de sus pretiles, convirtiendo el puente en una galería escultórica al aire libre.
El Último Combate De La Guerra De Los Treinta Años
En 1648, las tropas suecas tomaron la orilla oeste de Praga (Malá Strana) e intentaron cruzar el puente hacia la Ciudad Vieja. Una milicia improvisada de estudiantes universitarios y vecinos cerró las puertas de la Torre gótica del puente y resistió heroicamente los bombardeos hasta la firma de la Paz de Westfalia, salvando la ciudad.
La estatua más venerada es la de San Juan Nepomuceno, arrojado al río desde este puente en 1393 por orden del rey Wenceslao IV. En su pedestal, los relieves de bronce que conmemoran su martirio brillan con el resplandor del oro pulido por millones de viajeros que los tocan pidiendo el deseo de regresar a Praga.
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1992 como parte del centro histórico de Praga, el Puente de Carlos sigue uniendo el alma gótica y barroca de la capital checa.