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La Historia
Al mediodía, un rayo de sol entra por la linterna de la cúpula de la mezquita del Jeque Lotfollah y dibuja sobre los azulejos dorados la silueta luminosa de un pavo real desplegando su cola. Esta joya de la geometría persa resume el genio de la Plaza Naqsh-e Yahán ("Imagen del Mundo"), concebida en 1598 por el sah Abbás I el Grande al trasladar la capital del Imperio Safávida a Isfahán.
El Gran Escenario De La Realeza Y El Comercio
Con más de quinientos metros de longitud por ciento sesenta de anchura, la plaza está enmarcada por una galería de dos plantas de tiendas que une en sus cuatro puntos cardinales el poder religioso, político y mercantil:
Al norte se abre el Gran Bazar de Isfahán; al sur, la majestuosa Mezquita del Sah (Masjed-e Shah), cuyo portal se alinea con la plaza mientras su patio rota sutilmente 45 grados para orientarse hacia La Meca; al este, la mezquita privada del Jeque Lotfollah; y al oeste, el palacio de Ali Qapu. En el centro de la plaza se jugaban partidos de polo real, cuyos postes de piedra originales aún se conservan.
Desde la elevada terraza columnada del palacio Ali Qapu, el monarca presenciaba los desfiles y recibía a las embajadas extranjeras. En su planta superior se encuentra la Sala de Música, con nichos de estuco en forma de jarrones diseñados para crear una acústica perfecta.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, Naqsh-e Yahán es el culmen del arte, la arquitectura y el urbanismo persa islámico.