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La Historia
A finales del siglo XVI, durante el verano, la bahía de La Habana se convertía en un bosque de mástiles y velas. Decenas de galeones españoles cargados con plata de Potosí, oro de México y sedas de Manila se concentraban aquí para formar la Flota de Indias y cruzar el Atlántico protegidos de corsarios y huracanes. La Habana era la "Llave del Nuevo Mundo" y el nudo estratégico de las riquezas del Imperio español.
Calles Barrocas Tras Murallas De Coral
Para defender este enclave vital, la corona española construyó imponentes fortalezas: el Castillo de los Tres Reyes del Morro sobre un promontorio rocoso y el Castillo de la Real Fuerza en el puerto interior.
Al amparo de estos muros, La Habana Vieja creció como un laberinto de iglesias barrocas, palacetes señoriales con patios interiores y amplias plazas coloniales como la Plaza de Armas, la Plaza Vieja y la Plaza de la Catedral, diseñadas con grandes ventanales y persianas de madera para dejar pasar la brisa marina tropical.
Tras el asedio británico de 1762, España reforzó la ciudad levantando la inmensa fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Hoy, las calles adoquinadas de La Habana Vieja conservan su singular estampa atemporal, donde los coloridos automóviles norteamericanos de los años cincuenta (almendrones) circulan junto a fachadas de tonos pastel y arcadas coloniales.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982, La Habana Vieja es el corazón histórico y musical más vibrante del Caribe.