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La Historia
Ocho aves talladas en esteatita descansaban antaño sobre altas columnas de piedra en la ciudadela. No representan a ninguna especie zoológica conocida, sino al linaje sagrado de los monarcas shona. En la década de 1890 fueron expoliadas y dispersadas por museos y colecciones privadas de Europa y el sur de África. Tras la independencia de Zimbabue en 1980, la mayoría fueron repatriadas, y la mitad inferior de una de ellas regresó desde Berlín en 2003 para unirse a su cuerpo tras más de un siglo. Esa emblemática ave figura hoy en la bandera nacional de Zimbabue.
Piedra Seca Sin Mortero
Gran Zimbabue fue la capital de un próspero imperio medieval shona entre los siglos XI y XV. Lo más asombroso de su arquitectura es que sus descomunales murallas de granito fueron levantadas en piedra seca, sin una sola gota de mortero ni cemento.
El Gran Recinto posee un muro elíptico exterior de doscientos cincuenta metros de perímetro y hasta once metros de altura, rematado en su parte superior por un elegante friso en espiga (chevron). En su interior se alza una torre cónica maciza de diez metros sin puertas ni estancias, probable símbolo monumental de los graneros reales.
Comercio Con El Océano Índico
A pesar de situarse a cuatrocientos kilómetros del mar, Gran Zimbabue era el epicentro del comercio de oro y marfil hacia los puertos suajilis de la costa del Índico, desde donde se exportaban a Arabia, Persia y China. Las excavaciones han sacado a la luz porcelanas chinas celadón, cuentas de vidrio y monedas de Kilwa.
El Origen Reivindicado
Durante la época colonial, los exploradores europeos intentaron atribuir las ruinas a los fenicios o a la mítica Reina de Saba. Sin embargo, las excavaciones científicas de 1905 y 1929 lideradas por Gertrude Caton-Thompson demostraron de forma concluyente que las ruinas eran obra autóctona de constructores africanos medievales.
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986, Gran Zimbabue dio su nombre al país (Dzimba-dza-mabwe, "Casas de piedra" en lengua shona).